viernes, 14 de octubre de 2011

VISITA A LA ANTIGUA VILLA DE HUÉSCAR: La calle de las TIENDAS.

Huéscar y su primitivo urbanismo en un dibujo reciente. A. M. H. 

1.  - Orígenes de la villa de Huéscar.

Hacia el siglo XII, los almohades, como medio para controlar el país, edifican por nuestra zona diferentes fortalezas, generalmente castillos roqueros -”Husun”, singular “hisn”- entre los que se encuentra el que sin villa, coronaba en solitario la Sierra de la Encantada. Pertenecía como toda nuestra comarca, a la jurisdicción de Tudmir -Murcia-, como punto avanzado frente a Granada.

Consta que los caballeros de Santiago que tenían a su cargo el castillo de Úskar, castellanizado como “Huéscar”, lograron superar la generalizada sublevación mudéjar que, entre Jerez y Murcia, hizo peligrar, al fallecimiento de Fernando III en Sevilla, la ocupación cristiana en los territorios ganados por éste monarca al Islam. Se sabe que eran portugueses, venidos como cruzados.

Tuvo que llegar el siglo XIV para que, en 1319, se sublevara en la Alhambra el príncipe nazarí Muley Ismail, hasta el momento belicoso Walí -gobernador- de Málaga contra su pacífico tío, el rey Nasr, a quien acusaba de contemporizar y ser amigo de los infieles castellanos. Lo destituyó, recluyéndole con honores reales en Guadix.

Hacia 1324, seguro en el trono, decidió el ya rey Ismail I arremeter desde sus tierras de Baza contra la frontera murciana, cuyos castillos seguían estando bajo control de los caballeros de Santiago.

El de Úskar fue arrasado entonces, en el primer uso documentado de artillería en España, que proviene de fuentes árabes, y concretamente del famoso polígrafo Ibn al Jatib, Gran Visir de Muhammad V de Granada.

Las ruinas del viejo castillo, llamadas antes”Huéscar la vieja” y ahora “Patio de los moros”, siguen en su escarpada cresta, viéndose todavía trozos de muro tapial y restos de aljibes.

Destruido este castillo murciano, e incorporada toda la comarca -desde Castril a Orce- por primera vez a Granada, decide Ismail colocar una población importante, con también importante alcazaba, que adelante cincuenta kilómetros al norte la punta de lanza y base de operaciones nazarí. En el mismo cruce de los caminos de Granada – Valencia y Murcia – Sevilla, que es el que vigilaba desde lo alto el “hisn Úskar”, planifica y edifica a toda prisa la actual Huéscar, con fortaleza, murallas y foso.

Reutiliza, para mayor solidez de la base de la torre del homenaje, los grandes sillares romanos de una necrópolis romana de la familia Atelia que debía estar allí mismo, en dicho cruce de los muy antiguos caminos. Son piedras epigrafiadas con textos en latín, colocados curiosamente todas al revés, lo suficientemente grandes como para no haber podido ser arrastradas desde los yacimientos romanos de Galera.

El visir Riwan, gran estratega, se encargó en aquellos principios del siglo XIV de reorganizar toda la estructura militar de la nueva frontera granadina, edificando la estratégica red de atalayas de vigía y aviso, de las que tenemos abundante muestrario en nuestra tierra.

Vienen en el siguiente siglo XV la recuperación por Don Rodrigo Manrique, desde su base santiaguista de Segura de la Sierra; y la nueva toma granadina por Muhammad X al-Ahnaf – el Cojo -, conocido por “Aben Osmín”. Así, con turbulencias bélicas de la frontera, hasta la definitiva entrega de toda esta zona, en adelante granadina y almeriense, en la campaña que Don Fernando hizo desde Murcia en 1488, ya en final de la Guerra de Granada.

Desde entonces la vieja Úskar ibérica arabizada pasa a ser “Güescar” y definitivamente “Huéscar”. En los documentos de entonces es a veces, por confusión citada como Huesca o Güesca.


2.  - Urbanismo de la primitiva villa. La calle de las TIENDAS.

La primitiva villa de Huéscar, con su perímetro amurallado, estaba comprendida entre lo que hoy conocemos como Plaza Mayor, Nueva, Carril, Placeta de Maza, Cuesta del Tinte, Barroeta (carretera Granada – Murcia) y el Paseo de Santo Cristo.

La Plaza Mayor, a la que se asomaba la puerta principal de este recinto amurallado (Puerta de Castril) daba acceso a la calle Tiendas, -que en la ciudad hispanomusulmana era la calle principal- la cruzaba de puerta a puerta y estaría llena de estos establecimientos. Es la clásica alcaicería árabe.

De la antigüedad e importancia de esta calle tenemos datos escritos y arquitectónicos, algunos de ellos destruidos en fechas muy recientes, de los que nos quedan constancia sobre papel, epigráfía y tradición musical – Don Juan María Guerrero de la Plaza, Secretario del Ayuntamiento, compositor y maestro de capilla, vivió en la casa nº4-.

La ubicación que ocupan hoy día las viviendas nº 7, 9 y 11 conformarían el volumen y espacio ocupado por la antigua Sinagoga judía con entrada principal por esta calle.

Como ejemplo de la multitud de establecimientos que se asentaron en esta calle, siguiendo la tradición, durante el siglo XX podemos hablar de mercerías, zapaterías, relojerías, churrerías y heladería, taberna, tejidos y sastrería, billares, bar de alterne, barberías, gestoría, tienda de confecciones, carnicerías, comestibles, ultramarinos, zapateros remendones, alpargaterías, buñolerías, pescaderías, tienda de electrodomésticos, horno de pan-cocer, horno de pastelería, tienda de salazones, armería, etc...

Si bajamos, hacia su mitad y perpendicular a ella, a la izquierda, está el callejón de Santa Ana, nombre que le viene de un beaterio que allí hubo. Esta calle, no era sino la entrada a los corralazos judíos. La expulsión de los hebreos dio lugar a la consagración del local de la Sinagoga al culto cristiano y precisamente al de una santa que siempre fue judía. Existen referencias a este beaterio a finales del XVII, sin que consten las causas de su desaparición. También en el siglo XIX, hacia 1812, se utilizan las dependencias de ésta, ya sólo ermita, como hospital de campaña por el ejército francés en su retirada.

Calle Tiendas (ca 1975).     A.M.H.

Un poquito más allá, a la derecha encontramos dos callejuelas más estrechas, la Aceitería y el callejón de la Quica. La Aceitería albergó en su momento ciertos establecimientos dedicados a la venta de este producto –aceite-, en la antigua vivienda situada donde hoy está la nº 4. En esta casa residió, siendo niño, Luis Miguel Dominguín, el torero, por vivir en ella una tía suya. En el nº. 5, estaba el portal de la Zapatería remendona de Ramón Pageo ya desaparecida. Sobre la fachada de esta casa hay una hornacina con la virgen de las Angustias, de gran devoción popular. Al callejón de la Quica le viene el nombre por Francisca González, conocida como “Quica”, que junto a su marido poseían un establecimiento de comestibles. Manteniendo todo su sabor árabe, en su estructura urbana zigzagueante, conecta la calle de las tiendas con el Paseo del Santo Cristo. Sería nuestro “pequeño Albaizín”.

Y así, llegamos a la calle y plaza de la Alhóndiga. Debe su nombre a haber estado en ella durante siglos, frente al flanco oeste de la fortaleza, la institución de este nombre, llamada últimamente, antes de su derribo “Posada de Hilario”.

Eran las alhóndigas unos establecimientos oficiales, pertenecientes a la Corona o al Señorío, o a quien se hubiera concedido por especial privilegio. Reunían, para mayor control de viajeros y mercaderes, la condición de mesones y de puntos de venta de productos forasteros, entre los que se hallaba el pescado.

Esta alhóndiga, situada en el ensanche que se llamó “plaza de Adentro” desde que se urbanizó la “del Abal” -la Mayor-, era del Duque; al igual que las pequeñas tiendas que había adheridas a la Torre del Homenaje de la fortaleza. Otro mesón antiguo era el concedido, por privilegio y como medio de ayuda, al convento de las Dominicas: es la ya cerrada Posada de las Monjas, al fondo del Paseo, en su momento conocida como cuesta de los mesones, por los varios que allí hubo.

El Pósito era la casa almacén donde se depositaban los productos agrícolas, normalmente cereales, que los agricultores entregaban, a modo de seguro, para poder pedir la contraprestación en años en que la mala cosecha no permitía disponer ni para la siembra de la campaña siguiente.

Es esta institución de los Pósitos de origen medieval, muy fomentada por la Corona y, curiosamente, todavía en plena vigencia teórica. Con el correr de los siglos, se sustituyó la entrega en especie por el ingreso en dinero, constituyéndose así los Pósitos, de hecho, en acaudalados antecedentes de las Cajas Rurales.

Los edificios, generalmente importantes y con el escudo de la Corona en la fachada, pasaron a propiedad municipal. El de Huéscar estaba ubicado en el recinto de la Fortaleza, junto al Arco del Santo Cristo. Su edificio, muy reformado, fue utilizado como comedor de Auxilio Social, sede  y local de ensayos de la Banda Municipal de Música y, ahora, en espera de nueva utilización.

El Arco de Santo Cristo era la antigua Puerta del Sol, o quizá de Caravaca, o de Murcia, en el antiguo recinto amurallado de la Huéscar nazarí. Se correspondía, al otro extremo de la calle de las Tiendas, con la Puerta de Castril, cuyo arco, entre las esquinas a la Plaza de las casas de la antigua heladería y churrería del maestro Arturo, y la de Banesto. Eran las dos principales puertas de la población medieval. Aún había otra, junto a la mezquita -luego iglesia de Santiago-, que salía al ensanche que había de convertirse en Placeta Maza.

Parece ser, le viene el nombre por haber habido allí siempre una imagen de Cristo Crucificado, muy venerada por quienes pasaban el Arco. Ello entronca con otra de las bellas tradiciones locales, según la cual, al abrir un hueco en el muro, apareció ese Cristo, con una luz encendida, que habría estado ardiendo desde la entrada de los árabes en la península.


3. - Datos de interés, cultural y etnográfico actual, sobre la zona.

   Huéscar, ciudad agazapada en sí misma, ha desarrollado un carácter peculiar y autóctono, definido por su historia, su cultura y costumbres y sus tradiciones.

   Adentrarse en la zona medieval de su casco urbano es hallar religión, fiesta, relaciones personales y comerciales, tauromaquia,... en fin, es encontrar vida, movimiento y cultura a lo largo de todos los días del año.

La calle Alhóndiga hacia 1970.         A. M. H.
   Si lo determinásemos por las actividades diarias que a lo largo del año se desarrollan en ella, hallaríamos que es una zona de paseo (calle Alhóndiga-Placeta Maza-calle Santiago –antigua vía pecuaria y camino de comunicación con el paraje de las Santas), de culto (actos religiosos en la Iglesia de Santiago. También sede canónica de una Hermandad de Semana Santa -con cuatrocientos años de tradición-), de intercambios personales y comerciales (mercado semanal -datado ya en 1589-, comercios tradicionales,...); paso obligado para los visitantes y turistas que se acercan hasta esta población (antiguo Pósito Real, Arco de Santo Cristo –Puerta de Murcia-, Torre del Homenaje, Iglesia de Santiago (s. XV), Plaza de Toros, casas blasonadas (S.XVI), casas señoriales (s. XVI-XVII. También del s. XIX-XX),...; zona de uso cultural y taurino (por el entorno urbano y los ensanches de que se compone, además de las infraestructuras peculiares –coso taurino-,...).

  Así pues, adentrarse en este entorno urbano es llegar al corazón histórico y cultural, de esta población, con rincones llenos de tradición que delatan tiempos pasados de esplendor, con largas calles nacidas a la vera de las cañadas y el cruce de caminos (como el Camino Real de Granada a Valencia y el de Murcia a Sevilla, del medievo), junto a pequeñas y enrevesadas callejuelas que revelan su pasado árabe.

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Bibliografía:

-         González Barberán, Vicente: “Cosas de Huéscar” en Úskar. Revista Histórica y Cultural de la Comarca. Nº. 1. Año 1998.
-         Romero Díaz, Mª Asunción: “Huéscar: el medio natural y la vida humana”. Granada: Diputación, 1982.
-         García de la Serrana Parra, Francisco: “Huéscar. Calles y Plazas surgidas desde final de ocupación musulmana hasta 1939 con algunos detalles históricos”. Mecanografiado. Inédito.
-         Archivo Municipal de Huéscar.


viernes, 23 de septiembre de 2011

EL ORIGEN HISTÓRICO DE LA OVEJA SEGUREÑA.

INTRODUCCIÓN sobre lo que es el ganado y la ganadería.

             Antes de introducirnos en el origen histórico habremos de saber que:

GANADO, es el conjunto de bestias mansas de una misma especie, que se apacientan y andan juntas (ovejuno, cabrío y vacuno).

Así pues, las siguientes expresiones son las que nos identificarían al ganado de ovejas:

GANADO CHURRO: el lanar que no es trashumante. El que cría la lana churra.
GANADO DE APARTA: es el ganado destetado.
GANADO DE PATA O DE PEZUÑA HENDIDA: son los bueyes, vacas, carneros, ovejas, cabras y cerdos.
GANADO EN VENA: el no castrado.
GANADO ESQUILÓN: el lanar recién esquilado.
GANADO LANAR: los carneros y las ovejas.
GANADO MENOR: el que se compone de reses o cabezas menores, como ovejas, cabras, etc.
GANADO MENUDO: las crías del ganado.
GANADO MERINO: cierta especie de ganado lanar.
GANADO TRAVESÍO: el que, sin ir a puntos distantes sale de los términos donde mora.
GANADO VACÍO: el compuesto de hembras que no tienen cría.
GANADO ESTANTE: el rebaño que durante una temporada o todo el año es alimentado en el pesebre o en los pastos de la localidad.
GANADO TRASHUMANTE: son los ganados que van a aprovechar los pastos de regiones altas y frías durante el verano, o bien procedentes de zonas frías que en invierno aprovechan los pastos o rastrojeras de las comarcas templadas.

Entre las frases hechas y refranes sobre el ganado encontramos:

ALINDAR EL GANADO: llevarlo a los lindes de las heredades para que paste.
CORRER GANADO ó CORRER EL GANADO: frase antigua que significaba perseguirlo o recogerlo para prendarlo (prenderlo).
GUARDAR GANADO: cuidar de apacentarlo y conservarlo sin daño.

Ovejas españolas. Grabado de 1803.

GANADERÍA: es la crianza, granjería o tráfico de ganados. Igualmente, decimos que es el conjunto de animales domésticos sometidos a ciertos métodos de explotación con el fin de sacar provecho de los mismos. La palabra GANADERÍA se aplica lo mismo para expresar la totalidad de animales de un país, que los componentes de una comarca, o simplemente los de propiedad particular.

Históricamente se puede decir que la ganadería presenta en su evolución tres fases bien marcadas: la PRIMITIVA, caracterizada por la trashumancia; la AGRÍCOLA, porque los ganados consumen alimentos cosechados por el hombre, y la INDEPENDIENTE de la agricultura, porque el ganadero no es agricultor.

En la primera fase los ganados sólo consumen alimentos en cuya siembra, desarrollo y recolección el hombre no interviene para nada. Es la fase exclusiva del pastoreo. Los óvidos se tienen casi exclusivamente para la producción de lana. La alimentación de todos los ganados es muy parsimoniosa y la mayor parte del año miserable. Es por esta razón que sólo el ganado de labor es “estante”, es decir, fijo en la hacienda; los demás ganados, en verano deben recurrir a comarcas frescas aprovechando los pastos estivales y en invierno pasar a tierra baja, en regiones donde la temperatura permita el desarrollo de algunos pastos. Este ganado, que se trasladaba de una comarca a otra en busca de una mejora de pastos, recibió el nombre de GANADO TRASHUMANTE.

Es con los albores del siglo XIX (revolución industrial), cuando la ganadería se “industrializa” y acaba por constituir uno de los capítulos más importantes de la economía rural. Ante el aumento del consumo y la demanda por los nuevos núcleos poblacionales de estos productos, la ganadería y la agricultura se ven avocadas a complementarse para mejorar y aumentar sus respectivas producciones para cubrir los nuevos mercados.

La última fase comprendería las explotaciones ganaderas que, normalmente muy cerca de las urbes, comprarían los forrajes o harinas (para alimentar a estos ganados) en los mercados, sin que dichas explotaciones se dediquen a la agricultura.

Si aplicamos todos estos conceptos generales a la especie ovina, es decir a las ovejas y carneros, veremos que son totalmente asumidos y, por tanto, son representativos de lo que tenemos, vemos y nos rodea a diario en el entorno de nuestros pueblos y ciudades.

Pero he aquí que, aunque podamos hallar estos tres modelos de crianza de nuestras ovejas, el proceso es siempre una combinación de todos ellos, eligiendo lo mejor de cada fase.

Oveja de raza Segureña (*).

HISTORIA DEL ORIGEN DE LA OVEJA SEGUREÑA.

Las razas domésticas son todas de la especie “ovis aries”, descendientes del muflón y, quizás también, de las razas asiáticas primitivas.

Su domesticación debió iniciarse en el neolítico, y durante siglos el hombre las ha seleccionado buscando el modo de mejorar los caracteres adecuados a la finalidad perseguida, y de aquí que hoy varíen mucho, en porte, color, longitud y finura de lana, cantidad de leche que producen, presencia o ausencia de cuernos, etc. Las productoras de lana fina proceden todas de la “merina española”, traída por los benimerines en el siglo XIV.

            CONCEJO DE LA MESTA: era la congregación o hermandad de pastores y dueños de ganados, con objeto de atender a la conservación y fomento de la ganadería y contener las pretendidas invasiones de la agricultura.

            Es de origen incierto, pero ya en 1273, Alfonso X el Sabio otorga un privilegio a su favor, reconociéndose en él que ya por entonces tenía sus reglamentos u ordenanzas llamados “avenencias”.


BREVE RESEÑA HISTÓRICA DEL ORIGEN, EVOLUCIÓN Y ASENTAMIENTO DE LA OVEJA SEGUREÑA, EN LA COMARCA GANADERA DE HUÉSCAR (Granada).


INTRODUCCIÓN.

La actividad agroganadera en la comarca natural de Huéscar, como en cualquier otro lugar del mundo, nace con la sedentarización de los habitantes que en ella se establecen. Esta afirmación queda confirmada en los numerosos estudios de los yacimientos arqueológicos que nos circundan.

Ciñéndonos a épocas más recientes (entre los siglos XIII a XVI), observamos que con la presencia de extensas planicies sin cultivar en los alrededores de las poblaciones que conforman estas latitudes, un clima en el que la abundancia de precipitaciones y los fríos invernales, así como los veranos suaves favorecen tanto el desarrollo de un manto vegetal importante como su mantenimiento durante todo el estío, además de la escasa presión que la población ejerce sobre el medio, son factores que han facilitado la existencia de una economía de base silvopastoril desde la época musulmana.

Los amplios espacios dedicados al pastizal pusieron en valor estas tierras para los ganaderos trashumantes cristiano-viejos residentes en los territorios castellanos situados más al norte (Sierras de Cuenca, Albarracín, etc.). A partir de la ocupación cristiana disponían ya de un lugar donde llevar sus rebaños. Pero no sólo ellos miran hacia estas planicies, puesto que también tenía intereses ganaderos el condestable de Navarra. Éste, a partir de la concesión por parte de los Reyes Católicos de la jurisdicción de los términos de Huéscar, Castilléjar, Vélez Blanco, Vélez Rubio, Cuevas de Almanzora, Zújar y Freila en 1495, se estableció aquí con sus importantes rebaños.

A falta de datos más precisos, puesto que, hasta ahora no tenemos ninguno concreto, podemos adelantar que la cabaña ganadera oscense se sitúa entre las 15.000 y 20.000 cabezas de lanar y cabrío, y cerca del millar de vacuno. Este cálculo se ha realizado a partir de los rebaños que trashumaban hasta la Tierra de Vera cada invierno. Otro número importante de rebaños se dirigía hasta los pastizales de la Tierra de Almería y de otras zonas de la costa mediterránea.

ORIGEN E HISTORIA.

Podemos considerar pues, con los datos anteriormente mencionados, que su origen habríamos de buscarlo en el mismo tronco que la Manchega y, de hecho, se la tenía como la variante de montaña de la raza Manchega, ya que ocupa las regiones de mayor cota que rodean y limitan al Sur y Este las extensas planicies donde ésta se asienta. Antes, incluso, su censo se incluía dentro de la Manchega. Guarda grandes analogías con esta raza, y las diferencias entre ambas sólo se limitan a las impuestas por el sistema de explotación y la adaptación a medios distintos, que en el caso de la Segureña puede calificarse de muy duro.

Es una raza conocida desde hace mucho tiempo. Sin embargo, no aparece vista como tal raza hasta 1978, año en que se creó el Registro Especial de la misma.

En su localización hay que distinguir una zona principal -que en su momento formaba parte, en la España visigótica o prerromana, de la llamada Oróspeda, y que hoy localizamos en la zona conocida como de las Béticas Orientales- situada en la confluencia de las provincias de Granada, Almería, Murcia, Jaén y Albacete, donde las elevadas montañas correspondientes a las Sierras de Segura, la Sagra, Cazorla, Orce, María y Sierra Mojante principalmente, dejan un espacio interior en forma de altiplanicies con alturas de 800 a 1.200 metros. En dicha zona se encuentran los núcleos de mayor importancia numérica, destacando las comarcas de Huéscar en Granada, la de Caravaca en Murcia y la de los Vélez en Almería, con un censo aproximado a las 300.000 cabezas: “...Durante muchas décadas Huéscar fue base sin igual en la ruta lanera entre el reino de Granada y Murcia, y un enclave ganadero de enorme valor; capital oficiosa y cabeza de hecho de una gigantesca comarca que abarcaba el norte de Almería y Granada, el Este de Jaén y gran parte del reino de Murcia”. (1)

Cabe destacar que, mientras que el censo ovino en el país va disminuyendo, los efectivos de esta raza se mantienen e incluso aumentan.

DATOS HISTÓRICOS, EXISTENTES EN EL ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE HUÉSCAR, RELACIONADOS CON LA ACTIVIDAD GANADERA.

Basándonos en los datos escritos que van apareciendo en nuestro archivo, sabemos que es la Orden Blanca (Orden de Santiago) -cuya base de operaciones era el Campo de Montiel contra la frontera norteña granadina, y cuya punta de lanza estaba en el castillo, entonces murciano de Segura de la Sierra-, la que en sus diversas incursiones “en tierra de moros”, toman la entonces villa de Huéscar, en numerosas ocasiones, como una de sus avanzadillas, en donde procuran una población “estante” a la que unen los bastimentos correspondientes (pertrechos y rebaños de ovejas, principalmente) como complemento a la agricultura que aquí desarrollarán.

Posteriormente, las incursiones “de moros”, y por tanto, la alternancia en la administración, unas veces musulmana otras cristiana, no varían apenas la estructura económica agroganadera, pues, si bien, era común arrasar las cosechas de grano, los ganados son considerados siempre botín de guerra.

Esto nos indica que “lo más estante” en esta comarca natural fue el propio terreno y los ganados, pues mientras la población humana cambiaba según quien ganaba las batallas, lo demás permanecía, sino en la misma frontera, si en una zona natural de confluencia cercana.

Es a partir del verano de 1488 cuando Huéscar y su zona de confluencia, pasan a la Corona de Castilla y, es inmediata la regulación y reglamentación de todo lo tocante, entre otras muchas cosas, a los pastos y los ganados. Así podemos citar la comunidad de términos y de pastos que se mantiene “desde época de los moros”, como ellos mismos afirman en el documento, entre las villas de Los Vélez, con Orce, Galera y la ciudad de Huéscar. (2)
           
“En cuanto a las superficies dedicadas a pastos, desde el primer momento surgieron roces entre los señores de ganado cristianos y los mudéjares de distintos términos limítrofes. Unos, los mudéjares y algunos vecinos, sobre todo labradores, estaban interesados en mantener la antigua comunidad de pastos existentes desde la época musulmana; mientras los grandes propietarios de rebaños y el primer señor de Huéscar, el condestable de Navarra, pretendían disfrutar de forma exclusiva de la hierba del término oscense para sus numerosos rebaños de lanar. Por ello, después de los años de dominio del navarro, que impuso su normativa personal sobre los pastizales y logró enfrentar a los oscenses con todos los concejos limítrofes, los ganaderos locales pidieron al duque de Alba que les dejase libertad para que sus rebaños pudieran aprovecharse de la hierba de la sierra todo el año. Pero contrariamente a sus peticiones, don Fadrique, en las ordenanzas de 1514, veda los pastos hasta el 20 de mayo”. (3)
           
En las ordenanzas de 1526, se delimitaba claramente la sierra, incorpora la normativa sobre veda de 1514, se delimitan las funciones del caballero de la sierra (expulsar a los ganados forasteros, entre otras), permitía a los pastores tener armas únicamente en sus cabañas y prohibía hacer ningún tipo de dehesa.
           
En la corrección de las ordenanzas anteriores, realizada en 1536, el texto se refiere a la organización del reparto del agua de la fuente de Burgéja (hoy Bugéjar); se decidió, además, aplicar para su limpieza y conservación los ingresos que los Propios obtuvieran por la venta del ganado lanar sobrante de las mestas locales.
           
En las provisiones del gobernador sobre los puercos, la maquila de los molineros, la tala de los árboles, y sobre el pasto de ganados en la Redonda de 1548, el día 3 de diciembre se proveía  una modificación de la fecha en que se repartía la Redonda entre los ganaderos vecinos, mandando que, en lugar de hacerse en los primeros días de cada año, se realizase una semana antes del día de San Andrés.
           
En 1550, aparece la Ordenanza para que los corderos puedan andar en la Redonda hasta Nuestra Señora de agosto, pues tradicionalmente se imponía la veda a los pastos de la Redonda del campo de Bugéjar (lugar donde venían a abrevar los rebaños de Caravaca y Lorca). Igualmente utilizaban como abrevadero la fuente de Pedrarias, como así consta en dos peticiones escritas y dirigidas al cabildo de la ciudad.
           
Es tal la importancia de la cabaña lanar que en 1557, el concejo tuvo que intervenir ante las talas indiscriminadas que seguían realizando los dueños de los lavaderos de lanas con el objeto de utilizar la madera para alimentar las calderas dictando una nueva ordenanza.

En el Memorial de súplicas de 1589, la ciudad pide al duque que prohibiese la entrada de ganados forasteros para aprovecharse de los pastizales de la sierra “respecto de haver mucha estrechura en ellos y mucha copia de ganados naturales”. Esta petición se repite en 1591.
           
EL ORIGEN GEOGRÁFICO DEL GANADO TRASHUMANTE.

            Continuando con los documentos conservados, nos encontramos que el 25 de enero de 1527, en carta enviada desde la ciudad de Baza se solicita a la de Huéscar que mande no mover sus ganados “...pues se han hecho incluso los ejidos...”  y pueden causar daños. Tres años más tarde, el 24 de mayo de 1530, el documento nos informa sobre los pastos y abrevaderos que hay en la comunidad de Huéscar con los Vélez (Almería), Orce, Galera, Castilléjar...

            Prosiguiendo en el tiempo, es en el año 1544 en el que aparece un pequeño registro de los ganados que vienen al entorno de la ciudad de Huéscar en donde 2.300 cabezas de lanar y cabrío son de Lorca (Murcia) y cita otros cinco rebaños más con 1.500, 1.400, 1.000, 600, 500, respectivamente. En total 7.300 cabezas de ganado.

            El 4 de enero de 1544, Juan Caxa, vecino de Caravaca pide que esta ciudad le de licencia para entrar con sus ovejas a darles agua en la fuente de Pedrarias, “...entrando y saliendo por el mismo camino...”. En relación con daños, desde Orce, el 9 de julio de 1555, informan al Concejo de Huéscar que los pastores se meten con sus ganados en los sembrados y los daños que provoca.

            El 24 de marzo de 1556 se unen los señores de ganado, que pastorean en la zona de Huéscar y Puebla de don Fadrique, para solicitar al cabildo que no se vede la sierra y puedan abrevar y pastar los ganados, ante la gran sequía y los irreparables daños a la cabaña y, por tanto, los ingresos que esta reporta al cabildo. Con este escrito, estaríamos ante la primera asociación –en este caso circunstancial- de ganaderos, para defender unos intereses comunes.

            Siguiendo un estudio detallado realizado, por el profesor Díaz López (4), entre los años 1549 y 1592, la procedencia de los rebaños de lanar y cabrío que llegan a la comarca de Vera (Almería) la mayoría llegan de la de Huéscar (que incluye a Baza, Puebla de don Fadrique, Orce y Galera), y de Cazorla (que incluye también la Puebla de Santiago, Benamaurel, y un rebaño que llega un año de Jaén).

            El siglo XVII es una continuación de la actividad ganadera conocida. con pequeñas reformas de las distintas ordenanzas locales.

INDUSTRIA DE LA LANA.

            “La abundante cabaña de ovejas merinas y la riqueza de aguas en las fuentes de Parpacén y Fuencaliente propició la industria de la lana en su primera fase: el lavado. Mercaderes genoveses llegaron a Huéscar y se quedaron con el negocio.

            Hasta cinco lavaderos de lana hubo en Huéscar. Uno pertenecía a Mayno de Cernúsculo. Los otros pertenecían a compañías de genoveses formadas por Juanote Lomelín, Francisco Escalea Pallavisin, Daniel Quarteroni, Francisco Roso, Bartolomé Beneroso, Nicolás y Peligro de Mayola...

            ...Durante muchas décadas Huéscar fue base sin igual en la ruta lanera entre el reino de Granada y Murcia, y un enclave ganadero de enorme valor; capital oficiosa y cabeza de hecho de una gigantesca comarca que abarcaba el norte de Almería y Granada, el Este de Jaén y gran parte del reino de Murcia”. (5)

EVOLUCIÓN DE LA GANADERÍA ENTRE LOS SIGLOS XVIII AL XX.

            En el siglo XVIII, según del marqués de la Ensenada, el ganado lanar era el más importante, sobresaliendo de entre todos con 19.659 cabezas. En conjunto la producción ganadera se traducía en lana, carne, leche, queso y trabajo. Su alimentación seguía siendo fundamentalmente a base de pastos, que seguían siendo comunales.

            La ganadería por esta época goza de una fuerte protección estatal e incluso los pastores, por este proteccionismo ganadero, quedan excluidos del sorteo de quintas.

            Del siglo XIX no aparecen cifras numéricas del total de cabezas de ganado, pero MADOZ señala que seguían existiendo los ganados: lanar, cabrío, de cerda, vacuno y asnal, y que de las dos especies primeras se hacían ventas dirigidas a Murcia y Valencia.

            En esta época, el ganado ovino sigue teniendo una gran importancia, prueba de ello es la construcción de un lavadero de lanas, aguas abajo del  manantial de Fuencaliente, y de una fábrica de lanas de la que aún quedan las ruinas.

            No obstante el siglo XIX debió suponer una reducción de la ganadería ante el empuje de la agricultura en perjuicio de la explotación ganadera. Las desamortizaciones dieron lugar a roturaciones, que aumentaron la producción cerealista y compensaron al principio las pérdidas de pastizal, pero después las tierras no pudieron mantener el ritmo productivo de los primeros años y las cosechas de cereales disminuyeron, lo que, unido a la desaparición de los pastizales, provocó una baja ganadera.

            La situación correspondiente al siglo XX es la de una mejora y aumento en la cabaña ovina, aunque los datos existentes han de tratarse con cierta precaución, pues los censos ganaderos, elaborados cada cuatro años y confeccionados por las Delegaciones Provinciales de Agricultura, Sección de Estudios y Coordinación -con datos facilitados por los veterinarios titulares-, parece no se ciñen mucho a la realidad ya que, hacia 1974 atribuyen a la comarca de Huéscar unas 43.000 cabezas de ganado ovino, mientras que las informaciones directas de los propios conocedores de la zona le asignan alrededor de 100.000 cabezas, según explica Mª. Asunción Romero Díaz.(6)

            Continuando con este trabajo, nos dice que: “...Por último, la fuente más fiable de que disponemos es la del Servicio de Extensión Agraria Local, y según esta fuente, la distribución del ganado por especies y aptitudes para el Municipio de Huéscar, se recoge en el cuadro siguiente:

Tipo de ganado                                          Nº de cabezas
            Ovino                                                              30.000
            Caprino                                                             6.000
            Vacuno            (carne)                                            95
                                    (leche)                                             31
            Porcino                                                                 750”.

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Notas:


(1) Carayol Gor, Rafael. “Huéscar: Moriscos y cristianos. 1488-1570. Señorío del Conde de Lerín y del Duque de Alba”. Revista Úskar nª3. Huéscar: Ayuntamiento, 2000.

(2) Archivo Municipal de Huéscar. “Acuerdo entre la ciudad de Huéscar con las villas de Orce, Galera y los Vélez relativo a la comunidad de pastos”.Año de 1489. (1-XVI-1).

(3) Díaz López, Julián Pablo. “Ordenanzas Municipales de Huéscar. Siglo XVI”. Biblioteca de Temas Oscense nº2. Huéscar: Ayuntamiento, 2001.

(4) Díaz López, Julián Pablo. “La ganadería, un gran tema olvidado. El caso del norte del Reino”. Crónica Nova, 25.Granada: Universidad, 1998.

(5) Carayol Gor, Rafael. “Huéscar: Moriscos y cristianos. 1488-1570. Señorío del Conde de Lerín y del Duque de Alba”. Revista Úskar nª3. Huéscar: Ayuntamiento, 2000.

(6) Romero Díaz, Mª. Asunción. “Huéscar: el medio natural y la vida humana”. Granada: Diputación, 1982.

miércoles, 10 de agosto de 2011

¡Viva la Pepa!. Domingo Dueñas y Castro, uno de Huéscar, en la elaboración de la Constitución de Cádiz de 1812.


Logotipo oficial para la conmemoración del Bicentenario de la Constitución de Cádiz de 1812.

Domingo Dueñas y Castro nació el 11 de mayo de 1770 en Huéscar (Granada), y fue bautizado el 15 en la iglesia de Santa María, era hijo de Fernando Dueñas y de Gabriela de Castro, medianos hacendados rurales naturales de La Puebla de Don Fadrique y de Huéscar, respectivamente.

Estudió la carrera de Leyes y debió gozar de buena reputación y padrinazgo porque pronto ocupó un cargo de confianza real como fue el de secretario de la Camarería Mayor de la princesa de Asturias, la primera esposa de Fernando VII, María Antonia de Nápoles y Sicilia, desde el tiempo de su casamiento en Barcelona, el 10 de octubre de 1802, hasta que el 5 de enero fue nombrado oidor de la Real Audiencia de Cataluña y alcalde del crimen de la misma. Pidió algunas licencias para incorporarse, por razón de enfermedad de su mujer, y no lo hizo hasta el 14 de abril de aquel año. Por el mismo motivo, el 22 de octubre de 1806 solicitó traslado a la Chancillería de Valladolid pero no se le concedió.

Domingo Dueñas había contraído matrimonio en el propio real sitio de Aranjuez el 21 de enero de 1805 con Inés Bouvier y Marzal, natural de Valencia y viuda del teniente coronel Ignacio Muñiz. No tuvieron descendencia, aunque la mujer aportó al mismo tres hijos del matrimonio anterior.

Cuando a principios de 1808 entraron los franceses en Barcelona Dueñas se hallaba en dicho puesto y en el mismo permaneció administrando justicia civil y criminal “en utilidad y defensa de los moradores”. Con ese talante y según su propio testimonio, impidió que los franceses establecieran unos baños al descubierto en el centro de la ciudad, consiguió que fuese pasado por las armas un tambor del ejército francés que había insultado a una mujer, se negó a apremiar a los vecinos para el pago de contribuciones, sufrió amenazas y peligros y utilizó sus propios fondos en beneficio de los oficiales y soldados prisioneros. El 9 de abril de 1809 se negó a prestar el juramento de fidelidad a José I y fue conducido a la prisión del castillo de Montjuic. Entre el 20 de julio de 1809 y el 29 de enero de 1810 permaneció preso en su propio domicilio de donde fue sacado la noche de aquel día y trasladado a pie hasta la cárcel de Perpignan. Consiguió huir de la misma y el 3 de abril, ya desde Tarragona, hizo llegar a la Junta su lealtad y la narración de sus vejaciones y sufrimientos y, enterado el Consejo de Regencia, ordenó su reposición como oidor y que se tuvieran en cuenta sus padecimientos “para los adelantamientos en su carrera”

No pudo incorporarse lógicamente a la Audiencia de Barcelona y buscó acomodo junto al gobierno en la ciudad de Cádiz. El 15 de mayo de 1811 Dueñas fue nombrado por el Consejo de Regencia ministro de la Comisión de Policía de la Isla de León con un sueldo de 24.000 reales anuales. Seguía siendo entonces oidor de la Audiencia de Cataluña hasta que mediante orden de 13 de septiembre de aquel mismo año fue agregado, con el mismo sueldo y cargo de oidor, a la Audiencia de Sevilla, aunque continuó residiendo en Cádiz, en el nº 96 de la calle del Rosario, donde, desde el 24 de septiembre de 1810, desempeñaba el cargo de diputado suplente en representación del Reino de Granada.

Algunos de los diputados participantes en la redacción de la Constitución de 1812.        A. M. H.

El 31 de diciembre de 1812, tras la expulsión de las tropas francesas de Granada, Domingo Dueñas fue nombrado oidor de la Real Chancillería de esta ciudad con un sueldo de 24.000 reales anuales y a dicho puesto debió incorporarse al no salir elegido en los comicios celebrados para Cortes ordinarias en abril de 1813.

El 10 de enero de 1814 una real orden le exoneró del empleo de ministro de la Audiencia de Granada “por no haber llegado aun a esta plaza”. Debió hacerlo con inmediatez y conseguir la anulación de aquella exoneración, porque el 14 de marzo, ya como magistrado de la Audiencia de Granada, pidió seis meses de licencia, que le fue concedida, para dedicarse a atender los derechos de testamentaría de su padre y hermana en Huéscar y los de los hijos de su mujer en Valencia, Segorbe y Madrid.

El 10 de junio de 1814 y por real orden fue exonerado por segunda vez de su cargo en la Real Audiencia de Granada y trasladado a la de Sevilla, dejando a partir de ese momento de percibir su sueldo. El traslado a Sevilla no llegó realmente a realizarlo porque, según su propio testimonio, en 1814 se le mandó prender, se le procesó y despojo de su destino y se le confinó a Baza (Granada), “sin que para esta providencia hubiese habido más formalidades que una intimación verbal”.

Lo ocurrido es que, en 1814, tras la restauración absolutista, Dueñas fue denunciado por el abogado granadino José Rafael de Gálvez como defensor de la Constitución. El 6 de junio el rey autorizó el arresto y la formación de causas contra los magistrados que se hubieran hecho acreedores de ello. A Domingo Dueñas se le instruyó un expediente en el que, sobre su colaboración general con el gobierno de las Cortes, se le acusaba de haber dicho al regente de la Chancillería de Granada que “si obedecía las órdenes del Rey contra los decretos de las Cortes, le pasaría el pecho con un puñal”. Tras la instrucción de un larguísimo expediente informativo, Dueñas fue arrestado directamente por el capitán general de Granada y enviado a Madrid en noviembre de dicho año, donde fue recluido en la torre del convento de San Juan de Dios.

Con la recomendación del obispo de Orense, su mujer pidió su liberación en marzo de 1815. No lo consiguió, pero sí que se le restituyera su sueldo de Oidor mientras se sustanciaba la causa, que terminó relativamente bien, porque antes de que acabara el año la decisión de la comisión nombrada para la misma propuso al Rey y éste aceptó mediante real decreto de 17 de diciembre de 1815 la jubilación de Dueñas de su cargo de oidor con la mitad de sueldo, desterrándolo a Huéscar, la ciudad de su nacimiento. No se le perdió de vista, porque el 9 de agosto de 1819 el corregidor de Baza, Antonio Guillén Muñoz, formalizó una denuncia que dio origen a un nuevo sumario. Afirmaba el alcalde que “había vigilado con el mayor cuidado la conducta que observaba y llegado a noticia del que expone lo era bastante perjudicial”. En el expediente consta un informe del duque del Infantado, a quien se pidió parecer, que afirma que “ese sujeto, procesado ya anteriormente por sus ideas, no las ha olvidado ni abandonado sino que a mayor abundamiento se comunica con otros enemigos del Rey nuestro señor”. De nuevo se puso en marcha el mecanismo de informes confidenciales, pero la maquinaria inquisitorial fue más lenta que el cambio de régimen a que llevó el pronunciamiento de Cabezas de San Juan el primer día de 1820.

El 30 de marzo de 1820 solicitó Dueñas su reposición como oidor en los mismos términos y antigüedades que tenía en 1814. El rey, dadas las circunstancias, mediante real orden de 29 de abril de 1820 accedió a la petición. Y no solo eso, sino que el 5 de abril de 1821 fue nombrado por el Rey Fernando VII, a propuesta del Consejo de Estado, magistrado del Tribunal Supremo de Justicia, con una remuneración anual de ochenta mil reales, cuya plaza desempeñó hasta la extinción del citado tribunal con el retorno del absolutismo en 1823.

El 25 de marzo de 1823, como magistrado del Tribunal Supremo, y aprovechando la orden de traslado del Tribunal desde Madrid hasta Sevilla por la inminente llegada de las tropas francesas a la capital, Dueñas solicitó del rey permiso para pasar una temporada tomando las aguas de Lanjarón dada su quebrantada salud. Le fue concedida por cuatro meses pero empeoró y el 6 de julio de 1823 solicitó prórroga desde Baza donde se hallaba en cama aquejado, según certificado médico, de parálisis en la extremidad izquierda. Se le concedió por tres meses más, pero las cosas no debieron mejorar porque el 25 de marzo de 1824 el rey le concedió una pensión de doce mil reales en atención “a los méritos que contrajo con la toga”, lo que quiere decir que había optado por su jubilación.

Domingo Dueñas y Castro falleció en Baza el 24 de septiembre de 1824 y fue enterrado al día siguiente en el cementerio bastetano de San Sebastián.


Portada del ejemplar de la Constitución de Cádiz de 1812 conservado en el Archivo Municipal.      A. M. H.

Elección y actividad parlamentaria.

El 1 de enero de 1810 la Junta Suprema Central realizó la convocatoria para la reunión de Cortes Generales y para la elección de diputados. El 21 de enero tuvo lugar en Granada la designación de electores parroquiales para tomar parte en la votación de diputados, en un momento en que los franceses cercaban ya peligrosamente la ciudad, con lo que el proceso no pudo consumarse. Pero de acuerdo con el decreto de la Regencia, de 18 de agosto, los vecinos o naturales de las provincias que no hubiesen podido elegir diputados y que residieran en Cádiz o en la Isla de León, deberían alistarse para elegir entre quienes reunieran las cualidades necesarias, diputados suplentes que representaran estos territorios en las Cortes, a razón de un diputado suplente por provincia, cuyo mandato quedaba establecido hasta el momento en que pudieran incorporarse los titulares. De las papeletas de los 51 electores inscritos originarios del reino de Granada se obtuvieron siete compromisarios y el 21 de septiembre fue elegido por éstos como diputado suplente del Reino de Granada Domingo Dueñas y Castro, que prestó juramente tres días después. Se le otorgó su poder el 22 de septiembre, al día siguiente fue ratificado por la Comisión de Poderes y juró su cargo el día 24.

Tan menguada representación granadina, se completó, en virtud de la instrucción de la Regencia de 8 de septiembre, con la elección el 17 de noviembre de 1810 de dos nuevos diputados propietarios por el Reino de Granada: Antonio Alcayna y Guirao, cura de Cuevas de Vera y Antonio Porcel Ruiz Fernández Ballesteros. Al quedar la ciudad liberada de tropas francesas, en septiembre de 1812, Granada completó su representación en las Cortes eligiendo entre el 21 de febrero y el 2 de marzo de 1813 otros diez diputados propietarios que fueron incorporándose a las mismas a partir del 28 de abril de aquel mismo año. Ello no impidió que Domingo Dueñas y Castro continuara ejerciendo su representación durante lo que restó de mandato a aquella legislatura, que fue poco, porque por aquellos mismos días se procedió a la convocatoria de Cortes ordinarias. Las elecciones en el Reino de Granada se verificaron entre el 18 y el 21 de abril, resultando elegidos diez diputados titulares y tres suplentes. Las elecciones provocaron en Granada una cierta tensión por el origen de algunos Diputados, la edad de otros y por el hecho de no haber sido elegido diputado Domingo Dueñas, que como suplente había representado eficazmente al Reino de Granada en las Cortes de 1810. El cese efectivo de Dueñas se produjo el 20 de septiembre de 1813, cuando tomaron posesión los diputados que formaron las Cortes ordinarias. Dueñas ostentó, por consiguiente, la representación del Reino de Granada en las primeras Cortes de Cádiz, como diputado suplente, desde el 21 de septiembre de 1810 hasta el 20 de septiembre de 1813.

Durante estos tres años, Dueñas tuvo una gran participación ya que intervino en, al menos, 78 ocasiones en los debates producidos en el pleno de las Cortes y, por nombramiento del presidente, fue miembro de las comisiones parlamentarias de prebendas eclesiásticas (18.2.1811), Justicia (30.3.1811, 22.10.1811, 21.3.1813) y Marina (8.2.1813).

Intervino en la elaboración del reglamento del Consejo de Regencia en relación con el derecho regio de presentación al pontífice de los cargos eclesiásticos, el veto del Congreso a determinados nombramientos realizados por el Consejo, la preponderancia del cumplimiento de las leyes por encima de las cuestiones procedimentales de relación entre los diferentes poderes y la defensa de las facultades del poder judicial.

En el debate sobre la validez de ciertos acuerdos y decisiones adoptados por los reyes estando en situación de cautividad, Dueñas apoyó el derecho de los diputados a expresarse aun en contra del sentir de la mayoría y defendió la libertad de expresión de los mismos en la Cámara. Por lo mismo, se opuso a la concesión de ciertos privilegios y arbitrariedades: “Lo que yo deseo es que V. M. con ocasión de los casos particulares deduzca reglas generales”, derogando “todas aquellas leyes que han hecho, por decirlo así, un estanco y monopolio de las luces”.

Estuvo atento a la cobertura de las necesidades alimenticias del ejército y al reconocimiento de los honores de algunos de sus miembros, por ejemplo el general Castaños, pidiendo que se hiciese una mención honorífica en la Gaceta del Gobierno. Igualmente defendió dar facultades al Gobierno para tomar las decisiones que afectasen a la guerra con la prontitud exigida, “porque la decisión más pronta –afirmaba– será la mejor”. Fue enormemente crítico con la capitulación de Badajoz, cuya situación comparó con la que se dio en Gerona y a nadie se le ocurrió hablar de capitulación, llegando “por estos caminos terribles a la gloria y a la inmortalidad”. Defendió la preponderancia del honor y de la gloria en el espíritu militar frente a la mera recompensa pecuniaria.

Le preocupó el establecimiento de barreras al ejercicio de lo que él llamó “el despotismo ministerial”, dotando de suficientes poderes y controles a la secretaría de la Real Cámara, y creando un sistema de intervención general independiente del Consejo de Regencia. Pero, a la vez recabó para los ministros una confianza plena en el desempeño de su cargo, dejando a su arbitrio su propia remuneración “para que tomando solo lo que necesiten puedan manifestar su patriotismo”, de donde redundaría una economía para el Estado. Reivindicó una transparencia completa de las actuaciones gubernamentales y una publicidad sin límites de las mismas, porque “Todo país cuando ve los yerros de su anterior Gobierno, alega que nadie le habló la verdad”.

De gran interés y altura fue su intervención en relación con la validez del procedimiento utilizado para la representación en las Cortes de los representantes americanos, para los que reivindicó igualdad de derechos y de representación, aun reconociendo la conveniencia de mejorar el procedimiento para el futuro; pero los anteriores Gobiernos –afirmó– “se encontraron con un edificio casi arruinado y se contentaron con poner puntales” que ahora, con la nueva autoridad, era el momento de consolidar. Más adelante reclamó para los indios un trato igualitario, humano y no degradante ni humillante para ellos.

En el ámbito judicial, defendió con interés el mantenimiento de la Audiencia de Sevilla, frente a algunas propuestas de extinguirla y de pasar sus competencias al Consejo de Castilla. Exigió la máxima sanción para quienes alzándose con el poder judicial “se han atrevido a usar unas facultades tan exorbitantes contra los derechos del ciudadano y atentar a su libertad”. Rechazó la utilización de la cárcel para penas correccionales “porque pierden la vergüenza los que entran en ella y a Nación debe interesarse en que sean honrados todos sus súbditos”. Exigió escrupulosidad total en los allanamientos de morada porque “deben ser iguales las casas de poco valimiento a las de los grandes”.

Intervino activamente en las discusiones relacionadas con el proyecto de Constitución. Reivindicó el mantenimiento como obligación del amor a la patria, la generosidad en la concesión de ciudadanía a los extranjeros, aunque propuso “que no pueda el Rey nombrar para los primeros empleos civiles, militares, eclesiásticos, ni de su Real casa, a quien no sea ciudadano español”. Propuso la consecución de un nivel de educación que superara la mera lectura y escritura, para conseguir “sujetos de aptitud e ilustración” y “aspirar a que todos los españoles tengan la firmeza y virtud necesaria para manifestar sus opiniones, ofendan a quien ofenda, con tal que sigan los caminos de la justicia”. Defendió la honorabilidad de los funcionarios y, particularmente, la de los escribanos públicos, la inviolabilidad de los diputados por sus opiniones “manifestadas en el Congreso”. Propuso dotar adecuadamente al poder judicial en cuanto a número de Oidores se refiere y la realización de una nueva estructura de partidos judiciales iguales para todo el país. Se opuso a la existencia de fueros privilegiados aunque sostuvo la intervención del ejecutivo con ciertos derechos en el Tribunal especial de Guerra y Marina, defendió el derecho de no declarar contra uno mismo e hizo valer el principio de que tres sentencias definitivas “determinen y fenezcan irremisiblemente los litigios”.

Rechazó que para el nombramiento de jefes políticos de los pueblos (alcaldes) y provincias (gobernadores civiles) el Gobierno tuviera que elaborar un baremo basado en las condecoraciones y servicios de los aspirantes, defendiendo que “la Regencia pueda nombrar para estos destinos a cualquier sujeto, con tal que tenga buena voluntad y buen entendimiento, aunque anteriormente no haya tenido destino alguno ni condecoración”.

Otras muchas intervenciones en cuestiones de detalle avalan la actividad de Domingo Dueñas como parlamentario en las Cortes de 1810. En todas sus intervenciones intentó ser constructivo, no repetir los argumentos de los antecesores, realizar propuestas conciliadoras, exigir el cumplimiento del reglamento y del desarrollo procedimental y defender la libertad de expresión en la Cámara. Muchas de estas intervenciones se caracterizan por tener un claro carácter técnico en relación, sobre todo, con la materia en la que su autor era especialista: el Derecho.

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Fuentes y bibliografía (Texto sacado de:)

Titos Martínez, Manuel: “El diputado Domingo Dueñas y Castro y la representación del Reino de Granada en la Cortes de Cádiz (1810 – 1813)”. Revista del Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino. Nº. 22 – 2010. (pags. 107-134).